La aprobación del presiente Kast ha ido cayendo sistemáticamente y su explicación parece estar a la vista.
En marzo, mayo, junio y julio de 2026, las encuestas de Pulso Ciudadano, Criteria, CEP, y Plaza Pública CADEM, daban cuenta que la economía pasaba a ser la preocupación más relevante en la población chilena. En la última encuestada mencionada, se alcanzó el peor nivel en más de una década, que constató que un 56% calificaba “mala” su situación económica personal, arrastrando las expectativas negativas de empleo al 88% (el peor registro desde la pandemia).
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Tanto los niveles de desempleo como la inflación han aumentado y desde el último Informe de Política Monetaria del Banco Central, la proyección de crecimiento de la actividad económica se ha opacado, disminuyendo a un rango de 0,25 a 0,75% desde 1 al 1,75% estimado en junio, dando sustento a la pobre evaluación actual de la ciudadanía frente al desempeño del gobierno.
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Las respuestas ante sistemáticas faltas a la probidad, errores comunicacionales, descuidos, inconsecuencias, etc., dejan entrever un estilo que más allá de muestras de obsecuencia, indolencia, indiferencia, insensibilidad o narcicismo, lo marca una incapacidad para aceptar equivocaciones y ofrecer las disculpas correspondientes, que guarda un correlato con liderazgos de impronta autoritaria o patriarcal. Dejaría de tratarse de un simple capricho de gestión, sino que de una característica estructural articulada por la psicología del poder y la rigidez cognitiva, según la literatura científica.
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Investigaciones contemporáneas sobre Autoritarismo de Derecha (RWA) muestran que las personalidades autoritarias presentan una resistencia marcada a actualizar sus marcos mentales fuertemente enraizados en un orden tradicional. Si bien la evidencia empírica de un error puede encontrarse a la mano, admitir una falla amenaza su necesidad de contar con una estructura moral incondicional.
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En la teoría clásica de la Personalidad Autoritaria, la anti-intracepción se define como el desprecio y rechazo visceral hacia la introspección, la autocrítica y la vulnerabilidad. En liderazgos patriarcales, rectificar equivale a proyectar debilidad ante los subordinados.
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La delegación de la culpa o costos de los desaciertos operativos son amortiguados o asumidos por figuras intermedias o subordinados (lo que también dice la literatura sobre estructuras marcadamente jerárquicas y paternales) como ha sido el caso, por ejemplo, de la figura del actual bi-ministro Carlos Alvarado.