Este 9 de julio de 2026 se cumplen 49 años del Ritual del Cerro de Chacarillas, un evento que no sólo representó una puesta en escena de poder, sino que sentó las bases de la identidad política y el proyecto institucional que aún resuena en la derecha chilena contemporánea.

El Ritual como Fundamento de Identidad y dispositivo de continuidad del poder.

Este hito fue diseñado como una liturgia cívico-patriota que buscaba legitimar la dictadura mediante el uso de símbolos históricos, de épica y heroísmo (como la conmemoración de la Batalla de La Concepción). A cargo de figuras como Jaime Guzmán y Germán Becker, la organización incluyó el ascenso de 77 jóvenes representantes de la vida nacional hacia la cumbre del cerro portando antorchas que simbolizaban una “llama de libertad”, potenciando un nexo y pacto tácito, además de un compromiso generacional con el régimen.  Detrás de aquella mística estaba el crear una unidad simbólica entre los participantes, validando principios como el libre mercado, el apoyo irrestricto a las Fuerzas Armadas y un marcado anti socialismo y comunismo.

La Proyección del Poder y la Institucionalidad.

Más allá del espectáculo, Chacarillas fue el escenario donde Augusto Pinochet presentó la hoja de ruta institucional del régimen, dividida en tres etapas: recuperación, transición y normalidad constitucional. Este discurso marcó un punto de inflexión al declarar la extinción de la Constitución de 1925 y proponer una “nueva democracia” de carácter autoritario y protegido. Gran parte de la eficacia de este símbolo radica en que posibilitó a la dictadura proyectarse a largo plazo, transformando lo imaginario en una presencia política concreta que culminaría en la Constitución de 1980.

El Legado de los “Chacarilla Boys”. La relevancia actual de este acto reside en que muchos de esos 77 jóvenes se convirtieron en figuras de máxima influencia en la política y economía chilena de las décadas posteriores. Nombres como Andrés Chadwick, Joaquín Lavín, Juan Antonio Coloma y Cristián Larroulet, quienes participaron del ritual, han ocupado ministerios y altos cargos parlamentarios, manteniendo vivo el nexo entre aquel rito fundacional y la conducción política de la derecha moderna. Para sus detractores, el acto representa el origen de una “derecha cavernaria”, mientras que para sus herederos políticos, parece continuar la idea de que tal hito constituyó la formación de una élite dirigente con vocación de servicio público bajo los valores del gremialismo.

Un Símbolo Imperecedero

La autora Andrea Franco Marín analizó este evento profundizando en su aspecto performático y cómo su alcance mediático permitió un vaciamiento de sentido y símbolos culturales, al transformar un ritual autoritario en un espectáculo de masas. Mediante el uso de recursos televisivos similares a los del Festival de Viña del Mar, como la simbología de las antorchas y el uso de canciones populares (además de performances corporales como las muestras de afecto y romance entre Augusto Pinochet y Lucía Hiriart), se ayudó a ocultar la violencia estatal bajo un manto de heroísmo y misticismo patriótico, relato que buscaba fidelizar políticamente distintos segmentos de la población, particularmente los más jóvenes.

A casi cinco décadas, ¿cómo se mantiene hoy ese efecto aglutinador en la historia reciente de Chile? No sólo significó la cohesión y adherencia hacia un sector político en un momento de crisis, sino que nació un ideario de país, para algunos una “refundación”, a la luz de aquellas 77 antorchas en la cima del cerro.

Cabe preguntarse además qué tan latente resulta para este sector la muerte de Jaime Guzmán (35 años atrás), figura civil más influyente en el despliegue del sistema político aplicado en Dictadura, y cuya carga simbólica la determina su adjudicación en manos de quienes el régimen buscaba excluir.


Apoyo bibliográfico: Open Edition Journals. El acto de Chacarillas de 1977. A 40 años de un ritual decisivo para la dictadura cívico-militar chilena. Por Matías Alvarado Leyton. Acto de Chacarillas: monomito y repertorio performativo de la dictadura, Por Andrea Franco Marín.

Por @pablomunozl