En el contexto del nuevo lanzamiento del Estudio Económico para América Latina y el Caribe 2026 publicado recientemente, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha recalculado sus proyecciones para la región, estimando que crecerá un 2,2% en 2026, aunque se proyecta una recuperación que alcanzaría el 2,5% en 2027.
Según la organización, estas cifras serían insuficientes para elevar de forma constante el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo y ampliar el espacio para políticas públicas, dado el contexto global marcado por el alza del precio del petróleo.
En este escenario de fragilidad, la CEPAL rebajó la proyección de crecimiento para Chile, situándola en un 1,6% para 2026. Este ajuste es inferior al 2,2% que el organismo proyectaba con anterioridad.
Este escaso dinamismo reduce la capacidad del país para cubrir el desempleo de manera sostenida y estimular la creación de puestos de trabajo de calidad.
Para revertir lo que el organismo define como la “trampa de baja capacidad para crecer”, advierte que los límites del crecimiento no son solo coyunturales, sino principalmente estructurales, destacando la baja inversión, el nulo aumento de la productividad y una informalidad laboral persistente que afecta a la mitad de los trabajadores de la región.
Finalmente, como solución, la CEPAL propone una estrategia de “formalización productiva” que integre reformas en los sectores laboral, fiscal y financiero. El objetivo central es fortalecer las capacidades empresariales y mejorar la protección social, lo que permitiría que el crecimiento se traduzca en empleos de mayor calidad.